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Ritratto Leon Degrelle negli anni dell'esilio (Clik immagine)Debo confesar que me resulta tremendamente dificil reproducir en forma escrita la imagen de Leon Degrelle que conservo en mi corazón. Tantos episodios, tantos pensamientos, tantas consideraciones corren por mi mente, persigiéndose, conectándose a otros acontecimientos y confirmándome siempre más firmemente la grandeza de aquel jefe politico (en la más alta acepcion del término) que supo transformarse en concottiero y después en brillante escritor. Sobre su vida y su obra se ha escito mucho y también sobre éste texto otros lo harán.
Yo intentaré solamente retratar el Degrelle que he cococido, aceptando los límites que mi capacidad me impondrá.
Pero,¿cuando he conocido al inspirado autor de "Les Ames qui brulent"?
Creo que el hecho más determinante ocurrió alrededor de1970, en Venecia, en la Giudecca y en casa de un camarada y amigo médico que deseándome las buenas noches me permitió hojear un libro reciéne publicado por la Editorial Centinela de Italia:"Hitler per Mille anni". Lo divoré en pocas horas, y finalmente la figura de aquel Caballero del qual poseía tas solo una pálida imagen y vagas noticias, se delineó y tomó forma.
Más tarde, los avatares de la vida me llevaron a conocer personalmente a aquel Caballero, y a tener el placer y el honor de conocerlo, enriqueciéndome con su palabra y su ejemplo; pero debo admitir que aquella imagen surgida como per arte de magia, a través de las páginas de un libro, de las aguas de la Laguna, era absolutamente real y se correspondiá plenamente con el Degrelle de carne y hueso que conocí.
Pensando en Degrelle me aparece un Caballero, es más, el Maestro de una Orden de Caballería, la última Orden que ha pisado el suelo de ésta nuestra Europa y que ahora ya, junto con los Templarios, los Teutónicos y los Calatravos, costituye una de los tesoros de nuestra gente.
La bandiera di RexDesde que accede a la propriedad de un pequeño periódico católico: REX, la vida de Degrelle aparece como la trama de una novela de caballerías surgida da la pluma de un Chrètien de Troyes o del canto de un trovador.
Como un caballero lanzado en desfrenada carga, irrumpe en la escena política belga, trastornando el estático y tranquilo juego entre las partes de los políticos de entonces (Formalmente divididos con escasa originalidad, en católicos y socialistas). Dicta nuevas reglas, financia la actividad politica de su movimiento haciendo pagar al público que abarrota sus mítinas unticket de entrada, huyendo de ésta manera de la necesidad de acogerse a embarazosos compromisos.
Desde entonces, la lucha de éste Soldado Político no tendrá un instante de reposo hasta el momento de su desaparición terrenal.
Encarcelado por los franceses, huye por azar a la muerte. Enrolándose voluntario en las Waffen S.S. como simple soldado, alcanza el grado de General, en un cuerpo que no regale ni grados ni honores. Sobrevive a decenas de combates "cuerpo a cuerpo"; tras un vuelo de miles de kilómetros por los cielos de una Europa ya vencida, con las últimas gotas de gasolina logra alcanzar las costas españonas. Meses de estancia en un hospital, el exilio, tentativos de secuestro y de asesinato, no minan su fibra, y aquí le tenemos de nuevo en su puesto de soldado.
Ahora, como al inicio de su aventura, sus armas son la palabras y la pluma, ambas utilizadas admirable y magistralmente.
Leon Degrlle, en exilio, Malaga. Clik licenzaEs precisamente en su comportamiento durante la postguerra, donde refulge más alto el stilo de éste general de las Waffen S.S. que permanece hasta el final un fiel soldado de Hitler.
Había alcanzado todo lo que era humanamente posible alcanzar, hubiera podido recordar al jefe politico o al soldado que fué, rememorando su proprio pasado y cumplimentarse legítimamente de lo que había osado hacer. Pero a Degrelle ne le bastava la autocomplacencia.
A pesar de, ciertamente, conservar para si mismo lo que había sido, sus amistades, su fé, continuaba sus deberes, no solo como obra testiminial de la gran esperanza vivida en Europa, sini tambíen adentrándose en los problemas actuales, en las contradicciones de una Europa muy lejana de ser "la Europa de Carlo Magno y de Roma".
Pocos meses antes de su desaparición, daba conferencias de horas, uniendo el presente con sus ambiciones del pasado, dando ideas, indicaciones y esperanzas para el mañana.
Esta continuidad en el compromiso, éste continuo volver a ponerse en discusión, partecipar, irrumpir como protagonista en la arena de las ideas, imponiéndose, no por lo que se ha sido, sino por lo que se es. Esta actitud frente a la vida me parece peculiar de Degrelle.
Pocos, incluso aquellos que han vivido una existencia mucho menos intensa de la suya, logran huir del reducismo, de la complacencia por sus acciones pasadas, en el fondo, del llanto por la perdida juventud; aún son menos los que aceptan recomenzar de cero. Degrelle ha lanzado éste dado y una vez más se ha puesto bajo la atención de amigos y adversarios.
No se ha dejado anjaular por la retórica de la nostalgia, y fiel a su apuesta por Europa, ha indicado las vias, las etapas, para que ésta Europa tomase vida y forma.
En éste sentido, amo recordar que, el soldado del qual Hitler decorándolo, dijo que si hubiese tenido un hijo, hubiese querido que fuese como él, no fué nunca un pangermanista, sino in enamorado de la cultura y del mondo clásico, griego y romano.
Existe, en fin, un aspecto de Degrelle muy personal que no debo ser callado. Tenía la señoría y la nobleza de un gentilhombre de otros tiempos; hacía sentirse confortable a cualquiera que entrase en contacto con él, e incluso para con el más humilde de sus fueles era rico en atenciones y cuidados.
Mientra escribo éstas líneas tengo delante de mis ojos un "plano turístico" que anotó de su puño hace ya más de veinte años, con ocasion de una invitación a su casa de Fuengirola, indicándome los lugares de Andalucia y de la Costa del Sol que debía visitar, los vestigios arqueológicos más significativos, y, dado que el viaje estaba previsto para la Semana Santa, las procesiones a contemplar "encuentro entre la religiosidad católica y un sabba pagano".
Este era Degrelle, el señor que, invitándote a su mesa, pedía a su mujer, la adorada Janne, que preparara los mismos platos que habían sido servidos en la mesa del Führer, o que, viendo tus ojos posarse sobre la Cruz de Hierro puesta en un plato de plata, la tomaba y, con sencillez, te la daba para que le vieras con detenimiento.
La existencia terrenal de Degrelle ha concluido, pero no es retórica afirmar que su espíritu está vivo y presente en medio de nosotros.
Amo pensar que lo volveré a ver un día y que él me acogerá del mismo modo en que, hace ya tantos años, me recibió en su casa: "Bienvenu chez nous mon camarade".


Giancarlo ROGNONI

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